miércoles, 20 de julio de 2011

LA PAZ - Bolivia


En el corazón de América del Sur, a 3400 metros sobre el nivel del mar, hay un hueco, un tajo en el altiplano que contiene una de las ciudades más fascinantes y difíciles del mundo. El Gran Poder se levanta frente al imponente Illimani, despierta, pero nunca duerme.


La ciudad llegando desde El Alto.




Las calles están llenas de minibuses y colectivos y taxis, las veredas llenas de puestos. Se camina por donde se puede.





El cielo de La Paz: un entramado de cables con fondo azul.






La particular arquitectura boliviana. Mucho vidrio, mucho color, poco gusto.






Mamita sentada con su ramo de flores.





Desayuno en la calle con llauchas calientitas.




El look paceño me mata.





De todos los países donde viaje que no son tantos ni tan pocos, Bolivia es el único cuyos militares usan bayestas.




En algún momento pasé y encontré un puente que cruza la Pérez y el mercado viejo y querido estaba en reconstrucción. Una vista de la obra y la San Francisco.





Negocios son negocios. La funeraria-locutorio-sauna-piscina.





Calle Linares, de las Brujas. Pa comprar una chamarra, un ponchito, un charango, o algún otro souvenir.





Los "zapatistas" como alguna vez una amiga. Los lustradores de zapatos son pibes que se avergüenzan de su trabajo.






Quién mejor para controlar el tránsito que una cebra? Sí señores, las cebras controlan la correcta circulación de autos y peatones desde hace años.



Las mamitas presentan sus verduras, como si fueran delicadas artesanías. Guay de manosear o desacomodar!




Doña Ema.




Pasaje Jaén, calle histórica de la ciudad. Fantasmas y bares que sirven ajenjo.




Vista desde la Camacho: puente de las Américas, Sopocachi, zona Sur y el imponente Illimani.





Más plaza Murillo. Mire donde mire las mamitas son el paisaje.





Subiendo pal Carretero, catedral del mochilero en La Paz. Vista de la otra catedral y la ciudad.





Api con pastel, un clásico de la calle.







La salteña no es de Salta y la tucumana no es tucumana. A cualquier hora se puede comer una empanadita con sus salsas.







A comprar ropita usada y lo que venga a la feria de El Alto, la más grande del mundo. Por 5 dólares actualizo el guardarropas.






Mamitas con calzas.







La iglesia San Francisco. Punto de encuentro.







Venta en la calle.








Esto sería una primera parte, hay muchas más cosas. Un lugar tan especial, o te gusta o lo odias. Unos pocos sobreviven al trajín y su geografía, pero los que triunfan reciben el premio mayor: poder disfrutar la magia de La Paz.

1 comentario:

Fieltro en flor dijo...

Nico, son buenisimos los dibujos! tu sensibilidad hacia las cosas cotidianas y tan mágicas, me hace volver a estar ahi!
Un abrazo desde Uruguay!
Yasmin